Conoce paso a paso cómo se realiza una cata de vinos

Conoce paso a paso cómo se realiza una cata de vinos

¿Alguna vez te has preguntado qué se necesita para realizar una cata de vinos como todo un sommelier? Aunque no vas a convertirte en un profesional de la noche a la mañana -entrenar el paladar toma su tiempo- puedes dar un primer paso aprendiendo algunos conceptos básicos que te serán de gran ayuda.

Ya sea que estés interesado en hacer una ruta de vino en Cataluña un fin de semana o simplemente deseas conocer más sobre la apasionante cultura vinícola, en este artículo te explicaremos de forma sencilla el paso a paso para lograr una cata de vinos exitosa.

Un ambiente apropiado

Primero lo primero. Debes procurar que el ambiente que te rodea sea el más apropiado, ya que puede influir directamente en las impresiones que tengas sobre el vino. Vamos, que una habitación ruidosa, llena de gente o con olores fuertes afectará tu concentración.

En un plano general, la primera recomendación que te damos previo a la cata de vinos es neutralizar todas las condiciones a tu alrededor. No nos referimos solo a la habitación, también debes asegurarte de que tu copa tenga una forma apropiada y que no tenga residuos de detergente, ya que ello afectará el sabor de la bebida.

Otro punto a tener en cuenta antes de la degustación es la edad y temperatura del vino. Aquí también busca un punto medio. Evita tener la sensación de sabores residuales de cualquier comida o bebida que hayas probado recientemente.

Mirar, oler y saborear

Aunque existen diferentes métodos para la cata de vinos, la mayoría de especialistas y enólogos coinciden en destacar tres pasos básicos. Lo interesante es que no solo se trata de saborear, ya que pondrás en funcionamiento prácticamente todos tus sentidos para lograr una experiencia completa.

Ten en cuenta que cada persona tiene gustos distintos, así que lo “bueno” y lo “malo” es totalmente relativo. Lo importante es que puedas descifrar tus propias preferencias, pues en base a ello tendrás más claro qué tipo de vinos comprarás en el futuro. Ahora sí, a lo nuestro.

  1. Mirar

Luego de servir el vino (aproximadamente a un tercio de capacidad de la copa), realizarás una primera evaluación que consiste en observar. Echa un vistazo desde arriba, de lado y luego inclínalo a contraluz frente a un fondo blanco. Este paso te ayudará a definir la edad, el clima, el tipo de uva y el contenido de alcohol.

Por ejemplo, mientras más “lágrimas” se deslicen por el costado de la copa, más grados de alcohol tendrá el vino. Si distingues colores ámbar o naranja en los bordes, estás frente a un vino tinto añejo. Si los tonos son más bien violetas, entonces es un vino relativamente joven. En el caso del vino blanco, las tonalidades se tornan más amarillentas a medida que envejecen.

  1. Oler

La segunda fase es la olfativa. Aquí iremos desde lo general hacia lo específico. ¿De qué forma? En principio, busca los aromas dominantes. Si es un vino blanco, piensa en frutas tropicales, de árboles o cítricas; y si es un vino tinto, concéntrate más en frutos rojos, negros y azules. Acto seguido, comprueba si hay indicios de flores, especias y hierbas.

Ahora que has identificado los aromas primarios, pasamos a los secundarios y terciarios. Aunque son más específicos, la gama de olores es mucho más amplia, y son más fáciles de detectar en el vino blanco. Es posible que distingas nueces tostadas, vainilla, coco, tabaco y hasta cuero.

No es necesario introducir la nariz en la copa, solo acércate brevemente, realiza un olfateo rápido con los ojos cerrados y aléjate para que tu cerebro pueda procesar la información. No intentes encontrar todos los componentes aromáticos del vino, ya que pueden ser miles.

  1. Saborear

Una vez que hayas obtenido impresiones iniciales sobre el vino, finalmente estás listo para probarlo. Toma un pequeño sorbo y gíralo dentro de tu boca hasta cubrir todas las partes de la lengua, ya que así se liberarán todos los sabores.

Igual que en el paso anterior, aquí también reconocerás una amplia gama de frutas, flores, hierbas, minerales, barriles y otros sabores. Además de identificar texturas, tus papilas gustativas también identificarán qué tan equilibrado, armonioso y complejo es el vino.

Catar vino tinto y vino blanco ¿Hay diferencia?

En efecto, no es lo mismo catar un vino tinto y uno blanco, y las diferencias son más que evidentes.

Si nos centramos solo en el sabor, los vinos blancos se caracterizan por su amplia gama, ya que algunos son secos, mientras que otros pueden ser muy dulces. Por lo general, sus sabores son más ligeros y afrutados. Por su parte, los vinos tintos tienden a ser amargos, con un sabor que podríamos definir como “fruncido”.

No nos olvidemos del tanino, un compuesto vegetal que define que un vino tenga sabor seco o amargo. Los vinos blancos tienen muy pocos taninos, y en ocasiones ninguno, y eso es precisamente lo que le da un sabor ligero. En cambio, los vinos tintos tienen una gran cantidad de taninos, obtenidos principalmente a través de la piel de la uva durante el proceso de elaboración.

Cata de vinos en Cataluña

Cataluña es una región con enorme tradición vinícola, con una producción que se remonta a más de 2,500 años de antigüedad. Es también considerada como la cuna del cava, uno de los vinos espumosos de mayor reconocimiento en el mundo. A diferencia de otras regiones de España, destaca por su gran versatilidad de estilos. No en vano el enoturismo es una de sus principales actividades económicas.

La región alberga una amplia variedad de uvas autóctonas y tradicionales en cada una de sus Denominaciones de Origen. La procedencia de cada una afectará en gran medida las propiedades del vino, incluyendo su aroma, textura y sabor.

Si nos centramos en la uva blanca, encontramos entre las predominantes a la macabeo, la xarel·lo y la parellada. Otra variedad de gran importancia es la garnacha blanca, que se utiliza para elaborar vinos de crianza, rancios, mistelas y dulces. Entre las más conocidas también destacan la chardonnay y moscatel.

En el caso de la uva tinta, las variedades autóctonas o tradicionales más importantes son la tempranillo, cariñena, garnacha tinta, garnacha peluda y el monastrell. Algunas variedades tienen un origen foráneo, pero se han adaptado muy bien como la cabernet franc, la cabernet sauvignon, la merlot, entre otras.


Dejar un comentario